viernes, 26 de septiembre de 2008

La ecología llega a los Iuesei!

Y entre las primeras medidas recomienda un tipo en la CNN:

Para ahorrar agua, cambie su cesped por césped artificial.

Cuando el petróleo se pone caro, cubrimos con él nuestras tierras. El sentido ecológico aquí, es "especial".

Be a moutaineer!

Morgantown es el hogar de la universidad de West Virginia, y también de los West Virginia Mountaineers, el equipo de fútbol americano de la uni. Evidentemente en España nadie oye hablar de la liga universitaria gringa, pero aquí es bastante popular, mueve un pico de dinero, y los Mountaineers la han ganado bastante habitualmente el último par de décadas.

Sin embargo, como todo aquí, el equipo de fútbol no es un equipo normal. No sólo nos hacían gritar cánticos del estadio en la presentación de estudiantes internacionales, sino que nos animaban a ir corriendo cuanto antes a ver un partido.

Huelga decir que, en España, alguien que estando en la universidad lleva ropa de esa universidad es un perdedor nato o un pelota. Aquí sin embargo, todo, TODO, todo el mundo lleva por todas partes cosas con el logo y los colores de la universidad. Azul y "oro", que es una manera muy estúpida de referirse al amarillo pollo. Hay tiendas y tiendas de porquería con el logo de la uni, y todo el mundo disfruta yendo uniformado de la secta. Y por supuesto, si hay un día en el que es OBLIGATORIO ir de la secta, es el día del partido.

Antes del partido, en el parking del estadio, hay una cosa pintoresca: una especie de "botellón-barbacoa", donde los yankis confraternizan y se echan unas risas antes de entrar al estadio. Se puede beber (aquí se supone que está prohibido beber en la calle, e incluso llevar una botella abierta). Y a los de la uni, también nos dan comida gratis. Siempre comida gratis cuando quieres hacer amigos en América, y los mountaineers no son tontos.

Y por fin, entras al estadio. Te apelotonas junto a un montón de gentuza que entre brutica y borracha ya poco da de sí. Y entonces es como si estuvieras en Nüremberg en 1934: la banda de marcha y las animadoras y no-sé-quién demonios más, todos marchan en perfecta formación, hacen figuritas y las modifican por el campo. Todo un espectáculo. Y cuando por fin piensas que esta gente realmente puede que sea algo civilizada, aparece la mascota.

Todos los equipos tienen una mascota. Águilas, delfines, abejas... lo que sea. Y por supuesto, la mascota "viene" a animar a los partidos: el típico disfraz para asar tipos dentro, en forma de bicho más o menos grande. Durante una semana todos nos preguntábamos incrédulos uno a otro, ¿Y cuál es la mascota de los Mountaineers? Alguien dijo a lo lejos, "pues el mountaineer", y empezaron a circular interesantes teorías sobre qué tipo de animal era un "mountaineer".

Y en ese momento apareción corriendo por el estadio: el mountaineer. Y no es un animal de esos entrañables. Simplemente es un tipo vestido como de pionero, con la ropa de cuero con flecos a lo indio y el gorro de mapache con la cola, que va por todo el estadio con un mosquete en lo alto, pegando tiros al aire para animar al personal. Increíble. Incluso su mascota lleva armas.

Y en realidad el fútbol americano es un infradeporte digno de lástima, y nos fuimos al primer cuarto, pero el previo fue impresionante. Y sobre todo el mountaineer.

Un tipo vestido con pieles y disparando mientras corre poseído es, en efecto, un buen retrato de la civilización local.

Let´s go!!
Mountaineers!!

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Situación contable

A día 15 de septiembre de 2008, le debo dinero a Irán, una cerveza a Paraguay, y una fianza a Borja.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Breve guía: ¿Qué es Morgantown y dónde se la encuentra?

Evidentemente, todos nosotros que nos hemos tirado media vida viendo pelis sobre gente felicísima, cuya mayor preocupación es si la chica más popular de la clase querría ir con él al baile de graduación, o cómo apoderarse del rancho del vecino, ignoramos qué pueda ser un lugar llamado Morgantown, y que para más inri está en Virginia Occidental, cosa que la mayoría de españoles ni sabemos que es un estado. Y el otro no se llama Virginia Oriental, sino Virginia a secas.

Virginia Occidental (West Virginia) es un pequeño estado que se formó durante la guerra civil de aquí, ya que los virginianos eran unos tíos que cultivaban tabaco y querían la confederación, mientras que aquí en el oeste se llevaba lo de matar al vecino a estacazos, coger serpientes en la iglesia y buscar carbón en la montaña. Así, este es el estado perdido de los del Norte, con una población muy mayoritariamente blanca y paleta, los llamados rednecks o hillbillies. Es el tercer estado más pobre de la unión, y el primero en gordos del país. Ser el estado con más gordos del país con más gordos nos da una idea de la vida emocionante que viven los virginianos occidentales en su casa-caravana en medio de las montañas.

Y en cuanto a Morgantown, Morgantown es una noble villa de los Apalaches, donde está la sede de la Universidad de Virginia Occidental. Para hacernos una idea, digamos que en medio de la selva, entre montañas, llegas de golpe y te encuentras un campus universitario. La ciudad, que de ciudad no tiene mucho, tiene unos 28.000 habitantes (algo más pequeña que Almendralejo), pero la Universidad tiene 28000 y pico alumnos, con lo que durante el curso la población se duplica de golpe, y de repente se convierte en un hervidero de gente. Y de coches. Salvo el centro, toda la ciudad son barrios de barracas desperdigadas, por lo que la extensión es desproporcionada (es un tanto mayor que Alcalá), y los coches toman todas las calles y aparcamientos como una jodida plaga. Porque aunque el transporte público es relativamente aceptable, para un americano no tener coche es ser un perdedor.

Así que yo, encima de perdedor, jipi de mierda con mi bicicleta.


jueves, 14 de agosto de 2008

Welcome to the USA

El 3 de agosto a las 9 de la mañana eran las 8. Por lo menos en Heathrow. La primera vez que pisaba ese lugar satánico. Durante el cambio de terminal, en el bus, podía ver las alambradas de espino y los coches de las SS inglesas patrullando por ahí. Un tipo con un turbante enorme había estado bajando las maletas del avión. Sin embargo, oh sorpresa, me encuentro de golpe con un cartel: "Be prepared for security". Uno que es pánfilo desde chico, va y piensa que prepararse para la seguridad significa relajarse y tomarse un buen copazo. Sin embargo, lo que quería decir el cartel cuando decía "security" es una banda de ingleses mal despiertos haciéndote que te quites los zapatos. Nunca he entendido bien eso. Imagino que es para comprobar cómo de mal huelen tus calcetines. O quizás simplemente sea para humillar al personal. Y eso es la seguridad. Cuando alguien dice que quiere seguridad, es que quiere que lo traten como ganado. Pasado ese pequeño trauma, a molar. Por fin me lucieron las horas pasadas con el Flying circus de los Monty Python, y de alguna manera incomprensible acabé haciendo migas con algunos hijos de la gran bretaña.


El vuelo fue de lo más peculiar. Sentado en el centro (ventana para la inglesa buenorra de mi derecha y pasillo para el señor forrondosco de la izquierda), tuve laargo tiempo para seguir dedicándome a Festín de Cuervos, ver Kung fu Panda, echar una siestecilla, y pegarme la mayor comilona de avión de mi vida: no sólo me zampé toooda la puta mierda que había en la bandeja y mi vinito y mi té y mi agüita, sino que el vecino me donó amablemente su botellita de vino (blanco californiano) y me puse como el kiko. Para que luego digan de la primera clase.


Y así, a Washington Dulles, mi lugar de entrada al país de los yankis. Un lugar interesantísimo, pasé en este aeropuerto 7 horas 7, y de tan largo rato deambulando por la terminal puedo decir... pizza barata. Dulles 1, Barajas 0. Y eso es todo.

Porque la aventura estaba por llegar: vuelo de Dulles a Morgantown de Colgan air. El avión no salía y no salía, y cuando preguntamos nos dicen que es que la tripulación aún no había llegado, porque venían de otro vuelo y enseguida se montaban en este y nos íbamos. Así un rato, hicimos amigos entre la gente que iba en el vuelo, y finalmente fuimos pa allá. Había que salir a la pista, y allí estaba el capitán dándonos la mano y saludando a todos los que íbamos a montar. El avión, un SAAB 340, era lo más chico en lo que había volado en mi vida, y también el primer avión con hélices en el que me subía. Nada más cerrar la puerta, el capitán hizo una ronda por todo el avión chocando manos a todos, en plan superstar. Mientras el ruido de los motores hacía temblar toda la carrocería de nuestro pequeño, el maestro de ceremonias, a través de la puerta abierta de la cabina, presentaba a todos los miembros, que se iban levantando para saludar al público. Y un aviso: "El avión va a sdñlakjsk (nombre de algún pueblo que no le importa a nadie) y hace parada en Morgantown, así que bájense rápido los de morgantown, o se vienen hasta el final". Coño, me había montado en el jodío auto res del aire.

Y así fue como llegué al aeropuerto de Morgantown. Lugar increíble donde nos esperaba un único "mozo" (de unos 50 años de juventud) para bajar maletas, de manera que nuestro capitán América no dudó en ayudar a los menesterosos, bajándose del avión y poniéndose a descargar bultos. Todos hemos visto a los pilotos de las compañías europeas haciendo eso mil veces, ¿verdad? Y entonces vino la odisea: conseguir un taxi para llegar a casa.

Conseguir un taxi no fue en sí complicado, y además se montaron conmigo dos chavales colombianos, así que tocábamos a menos. Ahora, cuando llegó nuestra gorda y medio sobada taxista, empezó la fiesta. Primero, le enseño la dire: 22xx University Ave., y la tía me mira y me dice"¿Y esto ande está?" -Joder, pensaba que tú eras la puta taxista, hermana- Total, que le digo, aportando algo de la luz de Europa, "mira, está al norte del campus, así que tú enchufa la university ave. y buscamos el número". Entonces, para colmo de espectáculo, la buena mujer, amablemente, NO nos ayudó a meter las maletas en su puto maletero, y me hice una herida muy curiosa con el cierre mutante, que se dedicó a sangrar alegremente toda la noche. Aún no he conseguido limpiar los churretes de sangre de la camisa. En fin, de puta madre.

Pero resultó, una vez los colombianos en su hotel, que yo era muy pánfilo de pretender encontrar mi casa pasando por la calle: nuestros amigos amiericanos, celosos de su intimidad, ocultan el número de la puerta a los viandantes, de manera que para verlo tienes que estar al alcance de su escopeta recortada. Pero entonces, cuando ya empezaba a desesperarme, oí unos gritos en la calle, y vi a una gente que corría hacia mí gritando mi nombre. Habían salido de una maleza, detrás de la cual estaba una barraca que era la nueva y flamante Wolfschanze. ¡Eran mis compañeros de piso! Estaba salvado, y estaba en casa. Eran la 1 de la mañana, pero esto acababa de comenzar.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Sigo vivo!

Y coleando. como veis, oh vosotros, masas de lectores. Lo prometido es deuda, y en serio, escribir tantos emilios a tanta gente diferente es un coñazo. En todo caso, tan pronto como tengamos en la Wolfsschanze conexión de internet propia. Hasta la fecha estamos interceptando las comunicaciones del enemigo. Y sí, aquí el enemigo es TODO EL MUNDO. Más aún teniendo en cuenta que no podemos tener armas (no semos siudadanos amiericanos), así que debemos darnos a la lucha encubierta.

Y sin más y hasta que haya tiempo y ganas, voy a irme a la cama, que me amenazan con un vídeo de pilates.